BUENOS AIRES (Andrés Burgo, especial para LA GACETA).- Si hubiese existido algún local de tatuajes cerca de la cancha de Tristán Suárez, los jugadores y el cuerpo técnico de Atlético se habrían escrito en la piel con tinta indeleble: "estamos conformes con el punto". Después de 15 días demasiado complicados, tras aquella trompada que pegó Patronato, la aceptación del empate como un objetivo cumplido fue el denominador común en las declaraciones después del 0 a 0 contra Chacarita.

"Teníamos ganas de salir de los 40 puntos en los que estábamos clavados", admitió Edgardo Galíndez, uno de los mejores de Atlético. El defensor, incluso, valoró el punto a una dimensión parecida a un triunfo: "vale mucho". En esa interpretación coincidió otro de los puntos altos del equipo, el arquero Esteban Dei Rossi. "Había que sumar y este paso es muy bueno", dijo el número 1, mientras que también Juan Manuel Llop, como suele hacer, exhibió un discurso optimista. "El partido fue cerrado. Chacarita se juega cosas muy importantes, pero igual las chances más claras fueron para nosotros, como ese mano a mano que tuvo Salvatierra, en el primer tiempo, o el remate de Galíndez que Palacios no conectó por poco, ya en el segundo", opinó.

"Nos vamos tranquilos, no sé si contentos. Queríamos sumar y borrar la imagen que dimos contra Patronato. Vinimos a ganar, y no lo pudimos conseguir, pero al menos sumamos un punto", dijo Llop, quien valoró el trabajo de la última línea. "Defendimos muy bien". Curiosamente, Diego Barrado, uno de los que siempre habla, ayer se negó. Había sucedido tan poco dentro de la cancha que tal vez no tenía mucho para decir.